visitas

Mostrando entradas con la etiqueta sacarina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sacarina. Mostrar todas las entradas

12 de noviembre de 2013

Costa Coffee. 1 de noviembre de 2013, Londres.

Este viernes hemos despertado en Londres, hemos mirado por la ventana y, como nos ha parecido que hacía más frío que en Mur, nos hemos abrigado bien y hemos salido en busca de un café caliente. Nuestros pasos, planificados de antemano, nos han conducido hasta la Torre de Londres, no porque nos interesara admirar las Joyas de la Corona ni hacernos una foto imitando una decapitación, sino porque encima de la pequeña construcción donde se venden las entradas para el monumento hay un Costa que, de momento, es mi favorito. Debo decir que de todas las franquicias cafeteras, Costa es la que más nos gusta, con sus silloncitos rojos y su wi-fi siempre a disposición del cliente, lo mismo a la salida del British que en la recepción de un hotel de aeropuerto.
Llegamos temprano y con cierto riesgo para nuestras vidas, dado que el cruce que forman Minories Street con Tower Hill es ciertamente peligroso para quienes aún no saben hacia qué lado hay que mirar antes de pisar la calzada. En la explanada que media entre la Tower y el Costa se veían ya a primera hora algunos cuervos y también grupos de turistas. Nuestro objetivo estaba a la vista. Rodeamos el edificio de los tickets y, sorteando unos cubos de basura, subimos la escalera que conduce a la cafetería. A estas horas está prácticamente vacía. Supongo que los visitantes vienen desayunados de sus hoteles y para los trabajadores de la zona hay otros cafés más accesibles. Para nosotros, este Costa es such a perfect place. Tiene profusión de dulces, paninis, cosas con mucho chocolate y zumos que resultan de mezclar frutas variadas. No sé qué problema tienen en otros países con los zumos monofruta, están infinitamente mejor que los multifruta.
Yo tenía clara mi elección: quería un muffin de lemon&poppy seeds, variedad que, en principio, parece poco atractiva, pero que es ideal para desayunar. Los de Costa están muy ricos. También hemos probado esta variedad en Tesco, pero no hay comparación posible. Es como comparar un croissant de París con uno de Panadería La Luna. Tan buenos están que G pidió lo mismo, algo que no suele ocurrir, porque de manera inconsciente mantenemos en los desayunos cierta rivalidad acerca de quién ha pedido mejor. Escogiendo los dos el lemon&poppy seeds muffin se anula el carácter agonístico de nuestro desayuno. Para acentuar el "efecto empate" recurrimos, con relación al café, a una técnica de ahorro que llevamos practicando desde hace unos años y que me avergonzaba ligeramente en el pasado, pero que ahora practico con naturalidad, aunque sin negar el toque cutre que aporta a los desayunos.
Consiste en pedir un solo café (latte, por ejemplo) de tamaño grande para los dos. En Costa, este tamaño se llama massimo, cuesta unos 50 peniques más que el tamaño normal y viene servido en un tazón inmenso de aproximadamente medio litro de capacidad que cuenta con dos asas para garantizar su integridad. Es una taza-ánfora. Con esta cantidad de café tenemos suficiente para los dos; con dos cafés normales la cantidad es excesiva para cada uno (todos conocemos las cantidades ingentes de caffè latte que se gastan por aquí) y el precio de la cuenta sube. Para llevar a cabo estos desayunos-ahorro es preciso estar in love con el otro desayunante. De otro modo, quizá a uno no le siente bien que el otro moje el muffin y deje partículas en el café.
Pero aún no he mencionado el punto fuerte del local. Y es que, debido a su situación, ya explicada, y al hecho de que todas sus paredes son de cristal, los clientes disfrutan de unas vistas muy gratas de la Torre de Londres. Que una cosa es que no te apetezca hacerte la foto con el beefeater y otra, que te dé igual que la ventana del Costa dé a un callejón mohoso o a un edificio histórico bien bonico.
Un caffè latte massimo (la sacarina me la serví yo misma sin favor), dos muffins del tipo indicado, vistas estilo Tudor, posibilidad de hacer muchas fotos sin vergüenza porque no había apenas clientes y wi-fi, todo ello por 6,25 libras.
PUNTUACIÓN:
ENTORNO 9 SERVICIO 8 CALIDAD 8 PRECIO 3,30 libras (unos 4€ al cambio algo usurero de Cajamurcia)

1 de septiembre de 2013

Bocadillón. Murcia, 1 de septiembre de 2013

¿Cuál es el único local de Murcia en el que un bocadillo antropomorfo y calzado con zapatillas recibe a los clientes con una sonrisa? Obviamente, Bocadillón. Vamos a desayunar allí con relativa frecuencia. Es de los pocos bares cercanos a la Universidad que abre los domingos por la mañana y tiene una agradable terraza que a esa hora está a la sombra. No obstante, preferimos sentarnos en el interior porque nos resulta más agradable el frescor artificial del aire acondicionado y tiene grandes cristaleras que permiten ver sin problemas lo que acontece en la rúa. Esta mañana no había casi paseantes, parecía un domingo de agosto más. Sin embargo, la terraza de Bocadillón estaba llena de jóvenes, probablemente estudiantes que han acudido a las salas de estudio de la Uni ante la llegada inminente de los exámenes. A través de las cristaleras pude ver a dos chicas con sandalias étnicas que hablaban muy rápido entre sí, y a un grupo de chicos equipados con mochilas, de los cuales uno tenía un aire angustiado y otro se parecía al asesino de The Fall.
El local es muy luminoso y alberga un habitáculo, también acristalado, en cuyo interior los clientes podemos ver a un cocinero que se afana en preparar lo que prepare. Sobre la barra hay unos divertidos murales llenos de dibujos donde se indica el nombre de los diversos bocadillos que se ofertan y más bocadillos antropomorfos intercambian chistes entre sí.
Escogimos una mesa junto a la pared acristalada y yo me senté en el peor sitio posible, pues a los cinco minutos me estaba dando el sol en la cara. Como ya sabemos que aquí suele haber prensa del día, G hace una breve expedición por las mesas y la barra para hacerse con algún periódico. Vuelve con un botín no despreciable: un Mujerhoy de ayer para mí y otro de la semana pasada para él. El camarero viene rápidamente. Pedimos lo de siempre: café con leche (con sacarina, por favor) y media con tomate. Normalmente, soy yo la que detalla lo que quiero para desayunar y G se limita a decir "lo mismo para mí". Considero que es un error, y así se lo he hecho notar esta mañana, pues mi experiencia me ha enseñado que los camareros sólo traen sacarina a aquella persona que lo pide explícitamente. Esta misma mañana hemos podido comprobarlo: sacarina para mí, aunque entregada in extremis, apenas una milésima de segundo antes de que se lo recordara; azúcar para G. Este desayuno recibe en Bocadillón el nombre de Desayuno Express, e incluye, además del café y la tostada, un trocito de bizcocho, que nos comimos antes de hacer la foto, y un chupito de zumo de naranja. Lo cierto es que aún no sé si estos dos mini-complementos me gustan o no, aunque creo que la balanza se inclina más hacia el no. La tostada, de pan no muy bueno, es bastante grande. En una ocasión pedí una tostada entera y tuve dificultades para acabarla. La aceitera estaba muy limpia y tenía ese sistema anti-goteo del que me declaro fan. 
La lectura de Mujerhoy no me aportó gran cosa, así que la dejé de lado y ojeé el menú, que aquí siempre me resulta entretenido. Todos los bocadillos se ofertan en tres tamaños, indicados en centímetros, y tengo la impresión de que las ensaladas serán maxi-ensaladas, como la que George le compró a Elaine, pero aún no he tenido ocasión de comprobarlo. Cada vez que venimos a desayunar, nos hacemos el firme propósito de volver algún día a otra hora, pero en cuanto pagamos y salimos por la puerta, lo olvidamos por completo.






PUNTUACIÓN:

ENTORNO 6 SERVICIO 7 CALIDAD 6 PRECIO 1,70€